El nacimiento de una nación…en tierra hostil

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El traqueteo del tren detiene los pensamientos. La vida amanece entre contaminación y hordas de seres inertes. Intento leer, pero la mente se nubla. Las letras se estresan en las páginas. Quieren correr como el resto de la jauria que me rodea. La lluvia encharca el anden. Corren, corren, corren. La corriente humana me engulle. Quiero caminar, mantener la tranquilidad, pero soy absorbido por la escalera mecánica. En el anden 3, el tren se vislumbra al fondo del tunel. Nuevas carreras de miradas perdidas ¿Por qué corren? Vuelvo a sentirme en medio de la vorágine. Vidas negadas por el stress. Vuelvo a las páginas de Murakami. Las palabras cobran sentido. Me sumerjo en la historia. La marabunta se pierde entre vagones infestados. Auschwitz 2010. Ya sólo quedan 10 días…

Ser periodista

Ser periodista es ser honesto. Es ser una persona de su tiempo. Estar comprometido con la sociedad en la que vive, y en la que no. Ser permeable a la realidad y trasmitirla. Hacer comprensible lo ininteligible, para formar opinión. Ser capaz de ver detrás de las máscaras. Percibir el aliento humano y plasmarlo simple, sencillo, claro.

En definitiva, ser periodista es ser social, con mayúsculas. Una persona dispuesta, con talento. Vocacional. Presente allí donde trascurre la vida, para contarla. Ser periodista es contarnos Palestina, Irak, el Estrecho, Chechenia y Haití, para comprender…para actuar.

Dedicado a tod@s l@s profesionales que desempeñan su labor en los lugares donde la miseria y las balas se imponen a la justicia…a Haití

Cabeza fría

Vienen a preguntarme por qué me afeito la cabeza, en plena ola de frío polar….Y yo me pregunto: ¿Acaso hay algo mejor que mantener la cabeza fría?

En la oscuridad

Un ruido entreabrió mis ojos. Una brisa helada recorrió el pasillo hasta la alcoba. Ligeras vibraciones de cristal llegaban a mis oidos. Alguien estaba en el salón. Me levante, en alerta. No sabía si acercarme o esconderme bajo la cama. Valor y miedo se meclaban en la sangre. La vena sarajevita se inflamó y me arriesgué. En penumbra, a pequeños pasos descalzos, avance hacia la sala de estar. Una tenue luz acariciaba el pasillo. Luna llena. De un brinco, entré en la habitación, armado con mi alpargata. Las cortinas volaban. la ventana dejaba fluir suaves destellos lunares. Una botella de champán medio vacía bailaba ligeramente sobre las baldosas húmedas de alcohol. Un copa dormía junto a ella. Restos de polvores y turrón, junto a migas de mazapan completaban el espacio entre la pequeña mesa y la ventana. Alguien había estado allí. Al darme la vuelta, una gran caja de color rojo me esperaba sobre la mesa del comedor. Me acerqué. No recordaba haberla visto antes de dormir. La abrí. Encontré una pequeña bolsita color plata: “Quien tiene un por qué para vivir se puede enfrentar a todos los cómos”. Volví a la habitación. El alba me despertó, tres horas más tarde. La resaca luchaba por conquistar mi cabeza. Me sobrepuse ¿Había sido todo un sueño? Me acerqué al salón…