Una ventana entreabierta. Pasaje entre espacios, entre sueños. Una caricia de Eolo dispersa el aroma de la campaña por el interior de la gran casa de piedra. El robusto cerezo mira hacia el interior. Su corteza observa desafiante mientras escurre resina de Valonia. Es mi momento. Abro la pequeña puerta corredera y salgo al exterior. Respiro la vida que trascurre en aquel jardín, donde la vegetación torna la primavera en otoño, rompiendo los códigos. Colores pastel se funden con el frescor de la mañana. La música de Jean Ferrat sale de mi pequeño laptop hacia el exterior, mezclándose con la brisa, con los olores, con las hojas rotas del otoño y conmigo mismo, perdido en el pequeño parterre. Cierro los ojos. Oigo a Nellie bajar de la habitación. Ha despertado. Vuelvo al interior, dejando en el jardín un pedazo de mi alma. Enterrando junto al cerezo mi corazón.
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